dentro, fuera


Hay una puerta por la que nunca puedo pasar. Está al final de un túnel, un túnel con las paredes tatuadas de recuerdos. Es fácil hundirse en él, sólo tengo que empezar a pensar. Inevitablemente, llegaré a ese túnel oscuro en el que hay imágenes tuyas colocadas de forma desordenada aquí y allá, como fotos viejas abandonadas. El túnel empieza con las imágenes más nítidas y limpias, en las que acabo de conocerte, y poco a poco se hace más estrecho y retorcido y tenebroso según el hilo de mis razonamientos me hace avanzar, y las imágenes cada vez son más extrañas hasta que llego a un punto que es cuando vas a irte, y casi creo que estoy a punto de entender la razón cuando me encuentro con una puerta imponente de piedra maciza, sin cerradura.

Hoy tampoco puedo atravesar esa puerta. Y aunque, como siempre, la golpeo, y me esfuerzo por encontrar un pequeño resquicio por el que introducir mi pensamiento, aunque sea engañándome, nunca lo consigo. Y siempre hay una voz que me hace salir del túnel violentamente.

- Eh, vuelve al mundo, pasmao, ¿has terminado ya el informe?

- Sí, en cinco minutos está, precisamente estaba pensando en cómo cuadrar las últimas operaciones.

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