dentro de la casa


Cada día la casa se parece más a ti. Sé que lo más probable es que nunca vuelvas a visitarla, ya que hace tiempo que perdimos el contacto, y seguramente estas ideas mías de semejanzas te resultarían ridículas. Pero he cambiado los muebles de la cocina y me he dado cuenta de que son blancos y relucientes como tus dientes, y he cambiado la alcachofa de la ducha y el ruído del agua es ahora más suave y me recuerda al crujido apagado de cuando salías del baño envuelta en una toalla, y he cambiado de esquina los altavoces de la cadena de música en el salón, de forma que con el nuevo eco algunos de esos discos que antes escuchábamos suenan a veces como tu voz al contarme algo sentada en el sofá.


Hay días en los que me paseo por la casa y sonrío, pensando que quizá estoy empezando a superar tu ausencia si todo lo que recuerdo de ti empieza a estar en mi interior limpio y ordenado como un mueble recién colocado, y siento como si el nuevo mobiliario me hiciera evocar una imagen de ti también nueva y distinta, menos dolorosa. Pero por la noche, cuando entro en el dormitorio, no puedo evitar una sensación de molestia porque intuyo en la oscuridad algunos huecos descompensados -una cama demasiado grande, la silueta en la pared de una foto que hasta hace poco estuvo allí- que soy incapaz de rellenar. Y noto cómo la casa, que eres tú, me devora entre sus paredes.

1 comentarios:

Mr. Arkadin dijo...

Me ha venido a la mente la canción de Silvio, Tu fantasma:

Me decido a tararearte
todo lo que se te extraña,
desde el siglo en que partiste
hasta el largo día de hoy.

Me acompaño de guitarra,
porque yo no se de cartas,
y además ya tú conoces
que ella va donde yo voy.

Lo único que me consuela
es que uso dos almohadas,
y que ya no me torturo
cuando te hago trasnochar.

Otro alivio es que en su árbol
los pajaritos del alba,
siguen ensayando el coro
con que te bienvenirán.

El teléfono persiste
en coleccionar absurdos,
embromarme sigue siendo
un deporte universal.
Y la puerta está comida
donde la ha golpeado el mundo
cuando menos una buena parte
de la humanidad.

El cine de enamorados
tuvo un par de buenas pistas,
nuestro cabaret privado
sigue activo por su bar.

Se nos sigue desangrando
la llave de la cocina,
y yo sigo sin canciones
habiendo necesidad.

Pueden ser casualidades
u otras rarezas que pasan,
pero donde quiera que ando
todo me conduce a tí.

Especialmente la casa
me resulta insoportable,
cuando desde sus rincones
te abalanzas sobre mí.

No exagero si te cuento
que le hablo a tu fantasma,
que le solicito agua
y hasta el buche de café.

En días graves le he pedido
masajes para mi espalda,
los peores ni te cuento
porque no vas a creer.
Hay días que en tu sacrificio
acaricio tu fantasma,
pero donde iba el delirio
no oigo tu respiración.

Siempre termino en lo mismo:
asesino tu fantasma,
y la diana me sorprende
recostado en el balcón.

Ya no sé si lo que digo
realmente nos hace falta,
hoy no es día inteligente
y no sé ir más allá.

Pero cuando puedas, vuelve,
porque acecha tu fantasma,
jugando a las escondidas
y yo estoy muy viejo ya.

Pero cuando puedas, vuelve,
porque acecha tu fantasma,
jugando a las escondidas
y yo estoy muy viejo ya.