el pacto


El silencio cae como una tormenta agitada

de truenos mudos que crispan nuestras manos.
La noche se adueña de todas las palabras
trocando cada término por niebla enmarañada.
Al fin, las sombras bufan, relinchan los caballos
que coléricos, se perfilan, sobre nuestras paredes.
Pero, da igual, amor, que tu mano tiemble
                                                 [o mi mente estalle
con la lluvia urgente de lo que no diremos.
Porque el pacto es antiguo, y la ley más sabia
que los surcos que marcan nuestro agostamiento.
Y así seguiremos, mirándonos sin rencor
sin notar la tempestad ni la furia encabritada
Quizá entendiendo sin llegar a ver
                                [quizá llorando queriendo oír
de nuevo palabras vagas disueltas en la rutina.

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